Iziar Martinez escalando en Roca

La joven Iziar Martínez es, a sus 13 años, una de las promesas de la escalada deportiva de Valladolid / Comenzó cuando tenía 4 años de la mano de su padre y es una de las pocas chicas de su edad que tienen en su currículum coronar un 8A

Iziar Martínez escala una de las paredes del rocódromo en el que entrena. - J. M. LOSTAU
Iziar Martínez escala una de las paredes del rocódromo en el que entrena. – J. M. LOSTAU

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El ser humano, por norma general, recorre su camino hacia adelante. Sin embargo, en ocasiones, hay personas que se salen de ese sendero y prefieren escribir su historia como lo hacen los japoneses, en horizontal. Es el caso de la joven vallisoletana Iziar Martínez que, con sólo 13 años, se ha convertido en la promesa de la escalada deportiva en la capital del Pisuerga.

Ser escaladora en plena meseta no es el punto de partida de una historia de ciencia ficción. En su caso, el sonido de la naturaleza fue su primera nana. «Cuando íbamos a escalar la llevábamos y se quedaba dormida, con el maxicosi colgado de un árbol», recuerda su padre, Israel. Iziar quedó embrujada por la montaña y eso se dejó notar cuando trepó en Cuenca su primera roca cuando apenas contaba con cuatro años. «Empecé en la escalada por mi padre, él me llevaba a la roca. Pasaron los años y empecé a entrenar en rocódromo. Creo que lo que más me gustaba era el paisaje y jugar a volar con el arnés», asegura la escaladora.

Iziar, como Spiderman, tiene el don de poder trepar paredes; un superpoder que levanta admiración y curiosidad entre sus amigos y compañeros de clase: «Siempre me dicen que lo que hago tiene pinta de molar, pero también que tengo callos en mis manos, que es un deporte diferente…», relata. Lo cierto es que la joven escaladora nació para ello. Lo demostró en su primer gran reto: escalar un 7-A (un grado de escalada deportiva que llega hasta el 11) en la Cueva del Arenal. «Le di tantas veces a esa vía que cuando la completé me sentí fuerte», confiesa. La joven escaladora, sin embargo, se hizo mayor, casi por arte de magia, cuando completó en Margalef (Cataluña) una 8A, un grado que marca simbólicamente la diferencia entre la base y la élite que Iziar Martínez aprobó con matrícula de honor, siendo la única chica de 13 años que lo ha conseguido en Castilla y León y una de las diez de España que han superado este reto.

El talento se tiene que conjugar con el trabajo para poder recoger frutos. Para ello trabaja tres días a la semana durante tres horas en el rocódromo de Geko Aventura; un trabajo que complementa el fin de semana. En esas horas pule unas habilidades casi innatas que moldean su figura de escaladora: «Creo que tengo bastante fuerza y que he estado tanto tiempo escalando y viendo escalar que tengo más técnicas», resume Iziar sobre sus puntos fuertes.

La vallisoletana quiere escalar hasta la cima de este deporte que abrirá la puerta olímpica en Tokio 2020. Para ello, se ha puesto en manos de Pedro Bergua, uno de los mejores entrenadores de España. Iziar ha tenido que pasar un proceso para que el entrenador de Elena Alemán y Javier Cano (campeones de España) acepte llevar la preparación de la escaladora vallisoletana, que quiere llevar más allá de los límites de Castilla y León los éxitos que realiza dentro de la región.

El año pasado llegó a la final en todas las citas de la Copa de España, donde un sexto puesto fue su mejor registro. «Mi objetivo es ir quedando un poco mejor cada vez y si fueren podios no me importaría. Las chicas de la Copa de España están muy fuertes, pero se puede conseguir», asegura la deportista, que no pierde de vista el sueño de poder competir en el futuro en un rocódromo olímpico: «Es el sueño de toda deportista», subraya. Sin embargo, esa cima está aún muy alta. Iziar tiene que ir asegurando cada paso que da en su escalada hacia la gloria y (aunque en ocasiones compite en categoría absoluta) para ello necesita medirse con otras chicas. La escalada es un campo sin demasiadas flores en Valladolid, un pequeño erial que se acentúa en la parcela femenina, donde las participantes apenas llegan a la treintena en menores de 18 años. «Me gustaría que hubiera más competencia en chicas en Castilla y León», asegura.

La escaladora cree que no hay más practicantes femeninas porque «tienen el miedo de caer o porque ya tienen otro deporte», asegura. La competencia de Iziar puede llegar, sin embargo, desde casa. Su hermana Edurne, de 9 años, ya apunta maneras en el rocódromo, donde promete guerra en un futuro no muy lejano.

 

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